Tras dejar atrás la impresionante cueva del Gouffre de Padirac, pusimos rumbo hacia uno de los pueblos más pintorescos del Périgord: La Roque-Gageac. Íbamos sin grandes expectativas y con el tiempo algo revuelto… pero acabó siendo una parada interesante.
Un pueblo colgado de la roca, un paseo en barco por el río Dordoña y callejones medievales.
¿Merece la pena? Mucho.
Sigue leyendo y te lo contamos paso a paso, tal como lo vivimos.
Paseo por la orilla del Dordoña
Llegamos a La Roque-Gageac a media mañana. El cielo estaba nublado, pero el pueblo nos pareció precioso desde el primer momento. Aparcamos la autocaravana en el área (luego te contamos más sobre esto) y fuimos caminando hacia el centro.
Lo primero que hicimos fue pasear por el camino que va junto al río, la Promenade de la Batellerie. A un lado teníamos el río Dordoña. Al otro, las casas pegadas a la roca, como si estuvieran colgadas del acantilado. El paseo es corto, pero bonito.
Fuimos caminando hasta el final del paseo. Algunas tiendas y cafeterías estaban cerradas, así que dimos la vuelta bastante rápido. Aun así, el lugar tiene mucho encanto y se recorre con gusto, aunque no haya mucha actividad.
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El paseo en gabarra (lo imprescindible de La Roque)
Con el paseo por el pueblo ya hecho, decidimos hacer lo que para nosotros es lo más imprescindible en La Roque-Gageac: subirnos a una gabarra y ver el valle desde el agua.
Elegimos la empresa Gabarres Caminade. Las entradas para el paseo en gabarra tienen un precio de 12,50 € para adultos y 9,50 € para niños. Las salidas se hacen desde el mismo paseo del río, muy fácil de encontrar. No tuvimos que esperar mucho, ya que salen con bastante frecuencia.
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A bordo de réplicas modernas de las tradicionales gabarras, embarcarás en un paseo de 55 minutos a lo largo de la Dordoña, cubriendo una distancia de 6,5 km. Durante el trayecto, un guía local te narrará la historia del río y te mostrará diversos puntos de interés como el fortín troglodita, el castillo de La Malartrie, Marqueyssac y el Castillo de Castelnaud.
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El Fort Troglodita de La Roque-Gageac
Aunque decidimos no subir, el Fort Troglodita es uno de los rincones más curiosos del pueblo. Fue construido directamente en la pared del acantilado como refugio defensivo durante la Edad Media, aprovechando la altura y la roca natural como protección frente a invasores. Desde abajo, se pueden ver aún las estructuras suspendidas, lo que da una idea de lo impresionante que debía ser vivir ahí arriba.
Una curiosidad: durante siglos, este tipo de fortificaciones trogloditas eran muy comunes en la región, pero muchas han desaparecido. La de La Roque-Gageac fue redescubierta y restaurada a partir de los años 70, y hoy es una de las pocas que se pueden visitar, aunque hay que estar dispuesto a subir un buen tramo.
La entrada cuesta 7 € para adultos y 4,5 € para niños, y aunque hay que subir unos 140 escalones, dicen que las vistas desde arriba valen la pena.
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